Casa Xochiquetzal

Casa-Albergue “Xochiquetzal”
Testimonio de las Trabajadoras Sexuales.

Pocas palabras. Pero ideas claras; y bien expresadas, como producto de la recién adquirida conciencia de sus derechos, y sin duda de la claridad y agudeza de quien aprende en la calle.
Estas palabras son de Jessica, Mariana y Claudia, tres trabajadoras sexuales de la zona de la Merced, en la Ciudad de México.

“Queremos tener una voz”, que incluye hasta las trabajadoras sexuales que no pueden reconocerse en su trabajo, las que esconden lo que hacen para ganarse la vida. “No caemos en el trabajo sexual sólo por las necesidades económicas, sino existen otras razones – las historias personales de cada una de nosotras, lo que le lleva a una trabajar en la calle”.

Estas mujeres se han organizado en busca no sólo de mejores condiciones de vida, sino de una identidad que, por una vez, haga a un lado la vergüenza.

La organización – Las Trabajadoras Sexuales Independientes de la Ciudad de México – está impulsando y llevando a cabo un proceso de transformación. Se trata de un cambio cultural, social y personal. ¿Cómo colocamos a las mujeres de la calle - las “putas” - en una posición de víctima? ¿Qué papel ha tenido la sociedad en esto? La transformación tiene que ver con el estigma que viven las trabajadoras sexuales, y con este cambio, esta reflexión, vamos despertando a otras trabajadoras. ¿Hasta qué punto puede dejar una trabajadora sexual que un hombre compre su cuerpo? La venta del cuerpo -del sexo- devalúa a la mujer en la cultura mercantil en que vivimos

“Queremos, las trabajadoras sexuales, un cuarto propio. Un espacio que nos sirva para reunirnos, para encontrarnos y conocernos a nosotras mismas y a nuestros derechos humanos. Donde vamos construyendo otra visión del mundo, que nos da la fuerza de seguir creando una cultura nueva e inclusiva, y no ser discriminadas.”

El espacio es muy importante, pero la organización es esencial. Nos permite reflexionar sobre la cultura, los prototipos de “putas” – de trabajadoras sexuales- no solamente como trabajadoras sexuales sino como mujeres. “Hemos aprendido que tenemos el derecho de elegir como ejercer nuestra sexualidad, y que no somos victimas”. “Estamos intentando construir un concepto diferente, hemos descubierto que somos mujeres dignas, valientes, y que valemos no para los demás, valemos por nosotras mismas”.

“El espacio de la casa Xochiquetzal nos sirve para seguirnos organizando”. Lo importante que seguirá de esta organización y de los procesos que encaminamos es que una mujer que quiere salir del trabajo sexual tenga herramientas para salir, y que las que eligen quedarse, puedan trabajar en las mejores condiciones posibles.

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