|
En el mundo de los fondos de mujeres la historia dice
así: Dale a una mujer un pescado y alimentará
a su familia primero, aunque tal vez ella pase hambre;
enséñala a pescar y alimentará a
su familia mientras el lago no esté contaminado
o le quiten a ella el derecho de pesca. Ahora bien, dale
a las mujeres los recursos y el acceso a un capital comunitario
y ellas comprarán el lago, alimentarán a
sus familias, mantendrán el lago limpio y tendrán
algo que enseñar a las generaciones venideras.
Nuestro trabajo es sobre construir capital comunitario
sostenible (recursos que estén disponibles para
todas las comunidades y pueblos en el planeta) para apoyar
a mujeres y a niñas que estén listas para
comprar el lago. Porque cuando el lago le pertenece a
la comunidad, la comunidad se empodera y es capaz de tomar
acción y prosperar. Como fondos de mujeres y niñas
podemos proveer los recursos y el acceso al capital necesarios
para generar el cambio en todos los rincones del mundo.
Sabemos que al promover que las mujeres y las niñas
avancen, estamos moviendo al mundo hacia adelante. Nuestro
mensaje es: si quieres cambiar al mundo, la inversión
acertada es en los fondos de mujeres.
El Banco Mundial ha dicho sobre el papel de la mujer en
el desarrollo: “Educa a una mujer y educarás
a una familia; dale a una mujer servicios de la salud
y la familia tendrá servicios de salud; una mujer
económicamente segura significa una familia económicamente
segura.” El Secretario General de la ONU, Kofi Annan,
dice: “Cuando las mujeres se involucran, los beneficios
se ven de inmediato, las familias están más
sanas, mejor alimentadas y sus ingresos, ahorros y reinversiones
se incrementan. Y lo que aplica para las familias también
aplica para las comunidades y, eventualmente, para países
enteros.” Amartya Sen (Premio Nobel de Economía),
escribe: “Contamos ya con abrumadora evidencia de
que el empoderamiento de la mujer, a través de
la educación escolarizada, las oportunidades de
empleo y el desarrollo económico, es el factor
que genera los efectos de mayor alcance para mejorar las
vidas de todos… hombres, mujeres y niños."
Cuando unimos nuestros recursos, tenemos
el poder de comprar el lago y hacer la diferencia en
el mundo. Tenemos el poder y los recursos para reinvertir
en nuestras familias y comunidades. Podemos invitar
a otros a unirse al esfuerzo, mujeres y hombres, con
lo que construiremos un movimiento que genere un “mar
de cambio”
Pero, ¿qué nos impide
crear ese “mar de cambio”? El mundo en el
que vivimos se ha vuelto muy complicado y, a menudo,
puede ser sobrecogedor. Debido a la televisión
y al Internet, nos estamos volviendo parte de pueblos
y comunidades de todo México y el mundo, lo queramos
o no. En las pantallas de nuestros televisores en casa
o de nuestras computadoras con las que tenemos acceso
a Internet, somos confrontados con la violencia, la
pena y el sufrimiento de todo el planeta. Ahora sabemos
de los asesinatos y desapariciones de más de
400 mujeres trabajadoras en Cd. Juárez en los
últimos diez años, o de los bajos salarios
y pésimas condiciones de trabajo de las mujeres
en las maquiladoras de la frontera México-EUA
y en la provincia mexicana, o de las mujeres que en
sus hogares, a lo largo del país y del mundo,
están siendo golpeadas y abusadas. Nos sobrecoge
y tratamos de evadirnos cerrando los ojos; pensamos
que las cosas eran mejores en los viejos tiempos.
Crecí en un pueblito de Hawaii en los años
50. De niña, el mundo en ese lugar parecía
simple y agradable. No fue sino hasta que crecí
y supe por mis padres de todo el dolor y sufrimiento
de ese pueblo (mi padre fue ministro local ahí),
que comencé a entender la complejidad de la sociedad
en la que vivimos. Las mujeres y los niños eran
abusados, el racismo y la pobreza también eran
parte de la vida de ese pequeño pueblo. Lo que
marcaba la diferencia era la forma en que la gente del
lugar, en particular las mujeres de la comunidad, trabajaban
cotidianamente para hacer de los barrios en los que
jugábamos e íbamos a la escuela, los lugares
más seguros posibles.
Nosotras las mujeres, somos un factor crítico
en la creación de comunidades seguras. Nuestra
participación es fundamental para la creación
del “mar de cambio”. Podemos hacer la diferencia
en la vida de nuestras comunidades. Pero, para que nuestra
contribución sea realmente significativa debemos
estar dispuestas a unir esfuerzos, trayendo tanto nuestros
donativos financieros y personales como nuestros otros
recursos a la mesa. Nunca en la historia de la humanidad
las mujeres habían estado tan educadas, habían
tenido tanta influencia en los ámbitos político
y de la sociedad civil, ni habían tenido acceso
a tantos recursos financieros. Tenemos el poder de cambiar
el mundo de comunidad en comunidad.
Como individuos podemos sentir que nuestro poder o recursos
no son suficientes, pero cuando nos unimos a través
de organizaciones como Semillas, nadie nos detiene.
El tamaño de nuestros donativos (filantropía)
no determina nuestro éxito, pero sí la
manera en que elegimos utilizar esos donativos para
cambiar a nuestras comunidades. ¿Quién
hubiera pensado hace 25 años que hoy en día
los fondos de mujeres habrían distribuido aportaciones
por más de 200 millones de dólares? ¿Quién
hubiera pensado hace 10 años que Semillas, el
fondo de mujeres de México, habría distribuido
al día de hoy aportaciones por más de
1,000,000 de dólares?, ¿Quién hubiera
pensado que los fondos de mujeres en todo el mundo tendrían
un impacto en las vidas de millones de mujeres y sus
familias, al asociarnos para apoyarlas en sus esfuerzos
de educar a sus hijos, cuidar de la salud de sus familias,
tener seguridad económica, crear entornos seguros
y limpios para sus hijos, luchar por mantener sus derechos
a heredar o sus derechos laborales? ¿Quién
hubiera pensado que podíamos tener semejante
impacto? No obstante, eso es exactamente lo que el movimiento
de fondos de mujeres ha logrado en todo el mundo. Si
pensamos o soñamos en grande, los resultados
de nuestro trabajo reflejarán ese mismo cambio
significativo.
Lo único que necesita el “mar de cambio”
es una palabra de cada una de nosotras para crear un
“maremoto de cambio”, y esa palabra es SÍ.
Sí, con la misma vehemencia con que cada una
de ustedes ha generado cambios en su negocio o comunidad
académica, en su mundo político o en la
sociedad civil. Todas son mujeres que entienden lo que
implica marcar una diferencia en sus mundos profesionales.
Necesitamos de su pensamiento estratégico, sus
conocimientos académicos o comerciales, su influencia
política e, igualmente importante, de su compromiso
financiero, para hacer la diferencia.
Unan sus esfuerzos a los de mujeres en todo México
y el mundo para crear comunidades y pueblos en los que
nuestros hijos y nietos puedan crecer y prosperar.
Chistine
Grumm es Presidenta y Directora Ejecutiva del Women’s
Funding Network, con sede en San Francisco, California,
Estados Unidos.
|