Continua el Artículo del mes: "Mar de Cambios", por Christine Grumm

En el mundo de los fondos de mujeres la historia dice así: Dale a una mujer un pescado y alimentará a su familia primero, aunque tal vez ella pase hambre; enséñala a pescar y alimentará a su familia mientras el lago no esté contaminado o le quiten a ella el derecho de pesca. Ahora bien, dale a las mujeres los recursos y el acceso a un capital comunitario y ellas comprarán el lago, alimentarán a sus familias, mantendrán el lago limpio y tendrán algo que enseñar a las generaciones venideras.

Nuestro trabajo es sobre construir capital comunitario sostenible (recursos que estén disponibles para todas las comunidades y pueblos en el planeta) para apoyar a mujeres y a niñas que estén listas para comprar el lago. Porque cuando el lago le pertenece a la comunidad, la comunidad se empodera y es capaz de tomar acción y prosperar. Como fondos de mujeres y niñas podemos proveer los recursos y el acceso al capital necesarios para generar el cambio en todos los rincones del mundo.
Sabemos que al promover que las mujeres y las niñas avancen, estamos moviendo al mundo hacia adelante. Nuestro mensaje es: si quieres cambiar al mundo, la inversión acertada es en los fondos de mujeres.

El Banco Mundial ha dicho sobre el papel de la mujer en el desarrollo: “Educa a una mujer y educarás a una familia; dale a una mujer servicios de la salud y la familia tendrá servicios de salud; una mujer económicamente segura significa una familia económicamente segura.” El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, dice: “Cuando las mujeres se involucran, los beneficios se ven de inmediato, las familias están más sanas, mejor alimentadas y sus ingresos, ahorros y reinversiones se incrementan. Y lo que aplica para las familias también aplica para las comunidades y, eventualmente, para países enteros.” Amartya Sen (Premio Nobel de Economía), escribe: “Contamos ya con abrumadora evidencia de que el empoderamiento de la mujer, a través de la educación escolarizada, las oportunidades de empleo y el desarrollo económico, es el factor que genera los efectos de mayor alcance para mejorar las vidas de todos… hombres, mujeres y niños."

Cuando unimos nuestros recursos, tenemos el poder de comprar el lago y hacer la diferencia en el mundo. Tenemos el poder y los recursos para reinvertir en nuestras familias y comunidades. Podemos invitar a otros a unirse al esfuerzo, mujeres y hombres, con lo que construiremos un movimiento que genere un “mar de cambio”

Pero, ¿qué nos impide crear ese “mar de cambio”? El mundo en el que vivimos se ha vuelto muy complicado y, a menudo, puede ser sobrecogedor. Debido a la televisión y al Internet, nos estamos volviendo parte de pueblos y comunidades de todo México y el mundo, lo queramos o no. En las pantallas de nuestros televisores en casa o de nuestras computadoras con las que tenemos acceso a Internet, somos confrontados con la violencia, la pena y el sufrimiento de todo el planeta. Ahora sabemos de los asesinatos y desapariciones de más de 400 mujeres trabajadoras en Cd. Juárez en los últimos diez años, o de los bajos salarios y pésimas condiciones de trabajo de las mujeres en las maquiladoras de la frontera México-EUA y en la provincia mexicana, o de las mujeres que en sus hogares, a lo largo del país y del mundo, están siendo golpeadas y abusadas. Nos sobrecoge y tratamos de evadirnos cerrando los ojos; pensamos que las cosas eran mejores en los viejos tiempos.

Crecí en un pueblito de Hawaii en los años 50. De niña, el mundo en ese lugar parecía simple y agradable. No fue sino hasta que crecí y supe por mis padres de todo el dolor y sufrimiento de ese pueblo (mi padre fue ministro local ahí), que comencé a entender la complejidad de la sociedad en la que vivimos. Las mujeres y los niños eran abusados, el racismo y la pobreza también eran parte de la vida de ese pequeño pueblo. Lo que marcaba la diferencia era la forma en que la gente del lugar, en particular las mujeres de la comunidad, trabajaban cotidianamente para hacer de los barrios en los que jugábamos e íbamos a la escuela, los lugares más seguros posibles.

Nosotras las mujeres, somos un factor crítico en la creación de comunidades seguras. Nuestra participación es fundamental para la creación del “mar de cambio”. Podemos hacer la diferencia en la vida de nuestras comunidades. Pero, para que nuestra contribución sea realmente significativa debemos estar dispuestas a unir esfuerzos, trayendo tanto nuestros donativos financieros y personales como nuestros otros recursos a la mesa. Nunca en la historia de la humanidad las mujeres habían estado tan educadas, habían tenido tanta influencia en los ámbitos político y de la sociedad civil, ni habían tenido acceso a tantos recursos financieros. Tenemos el poder de cambiar el mundo de comunidad en comunidad.

Como individuos podemos sentir que nuestro poder o recursos no son suficientes, pero cuando nos unimos a través de organizaciones como Semillas, nadie nos detiene. El tamaño de nuestros donativos (filantropía) no determina nuestro éxito, pero sí la manera en que elegimos utilizar esos donativos para cambiar a nuestras comunidades. ¿Quién hubiera pensado hace 25 años que hoy en día los fondos de mujeres habrían distribuido aportaciones por más de 200 millones de dólares? ¿Quién hubiera pensado hace 10 años que Semillas, el fondo de mujeres de México, habría distribuido al día de hoy aportaciones por más de 1,000,000 de dólares?, ¿Quién hubiera pensado que los fondos de mujeres en todo el mundo tendrían un impacto en las vidas de millones de mujeres y sus familias, al asociarnos para apoyarlas en sus esfuerzos de educar a sus hijos, cuidar de la salud de sus familias, tener seguridad económica, crear entornos seguros y limpios para sus hijos, luchar por mantener sus derechos a heredar o sus derechos laborales? ¿Quién hubiera pensado que podíamos tener semejante impacto? No obstante, eso es exactamente lo que el movimiento de fondos de mujeres ha logrado en todo el mundo. Si pensamos o soñamos en grande, los resultados de nuestro trabajo reflejarán ese mismo cambio significativo.

Lo único que necesita el “mar de cambio” es una palabra de cada una de nosotras para crear un “maremoto de cambio”, y esa palabra es SÍ. Sí, con la misma vehemencia con que cada una de ustedes ha generado cambios en su negocio o comunidad académica, en su mundo político o en la sociedad civil. Todas son mujeres que entienden lo que implica marcar una diferencia en sus mundos profesionales. Necesitamos de su pensamiento estratégico, sus conocimientos académicos o comerciales, su influencia política e, igualmente importante, de su compromiso financiero, para hacer la diferencia.

Unan sus esfuerzos a los de mujeres en todo México y el mundo para crear comunidades y pueblos en los que nuestros hijos y nietos puedan crecer y prosperar.

Chistine Grumm es Presidenta y Directora Ejecutiva del Women’s Funding Network, con sede en San Francisco, California, Estados Unidos.



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