Cuando estamos enamorados nunca
nos preguntamos
qué sentido tiene
la vida. En realidad, lo que
deberíamos preguntarnos es: ¿Por
qué
no estamos constantemente
enamorados?
Maestro Bhagwan Shree Rajnees
¿Qué decir del amor de pareja en estos
tiempos de individualidad?, ¿qué decir
cuando hoy, uno de cada dos matrimonios termina en
divorcio? Si el amor es algo tan natural como nos lo
han vendido, ¿por qué causa tanto sufrimiento?, ¿por
qué es algo que nunca terminamos de entender?
Tal vez porque estamos algo confundidos. Habría
que comenzar por definirlo. ¿Qué quiere
decir Te Amo? Me gusta estar contigo; te necesito;
no puedo vivir sin ti; me haces feliz. O tendrá algo
más que ver con: Quiero compartir mi felicidad
contigo; me regocijo con tu felicidad, incluso si significa
que tengamos que tomar senderos diferentes.
El amor ha sido estudiado, interpretado, descrito
por infinidad de autores, investigadores, poetas y
enamorados. Es un sentimiento simple que hemos complicado
de manera alarmante. Y es que lo que entendemos comúnmente
por amor, lejos de ser universal es profundamente personal. "La
cultura desempeña un papel principal en el amor...
aprendemos a responder a ciertos tipos de humor. Nos
acostumbramos a la paz o la histeria de nuestros hogares.
Y comenzamos a construir nuestro mapa del amor a través
de nuestras experiencias." 1
La forma de entender el amor también tiene
que ver con la época en que vivimos. El amor
libre de los hippies no parece tener punto de encuentro
alguno con el amor romántico de La Dama
de las Camelias . El primero se autodefinía
como libre, era sinónimo de vida y se consideraba
un antídoto contra la guerra; el segundo, en
cambio, enaltecía la idealización, el
sufrimiento, y la muerte "por amor", que en realidad
era tuberculosis o suicidio.
Más allá de épocas o definiciones,
todos hemos sentido esa locura incomprensible, "esa
euforia, ese tormento. Esas noches en vela y esos días
sin descanso... ansiando otro encuentro con <él> o <ella>.
Y entonces, cuando esto ocurre, el más mínimo
gesto de él nos congela el pulso. La risa de
ella nos marea. Corremos riesgos estúpidos,
decimos tonterías, reímos demasiado,
revelamos secretos oscuros, hablamos la noche entera,
paseamos de madrugada y a menudo nos abrazamos y besamos,
ajenos al resto del mundo, cautivados y febriles, sin
aliento, etéreos de felicidad." 2
Helen Fisher explica que "eso" no es amor. Es enamoramiento,
una atracción irracional cuyo origen está quizás
en el instinto de supervivencia de la especie, y dura
un promedio de entre dieciocho meses y tres años.3 Y
se trata de un rasgo humano universal del que no podemos
escapar.
Pero también hay esperanza. Podemos aprender
a amar desde otro lugar, más estable, más
certero, más real: el amor a nosotros mismos,
la espiritualidad.
Y para ello, es necesario poner en práctica
la sabiduría popular: no podemos dar a otro
lo que no tenemos. Ergo , hay que encontrar
a nuestra media naranja. Pero hay que buscar en el
lugar adecuado: nuestro interior. Hay un terrible mal
entendido en la expresión de la media naranja,
que nos ha hecho perder el rumbo durante siglos. Este
concepto proviene del mito platónico que narra
cómo, en un principio, además de hombres
y mujeres, existían unos seres que tenían
ambos sexos. "Eran esféricos, tenían
cuatro brazos, cuatro piernas y dos rostros sobre un
cuello circular... Eran muy arrogantes y atentaron
contra los dioses. Como castigo fueron condenados a
ser seccionados por la mitad... Así pues una
vez que la naturaleza de este ser quedó cortada
en dos, cada parte echaba de menos a su mitad..." 4
Nosotros somos nuestra media naranja, y sólo
si encontramos la forma de amarnos profundamente, podremos
establecer relaciones de amor constructivo (que es
el único amor verdadero) con otro. De preferencia
un "otro" que también haya encontrado su mitad,
que esté completo.
Las interpretaciones son tantas como personas existimos.
Pero es preferible aventurarse en nuestra propia búsqueda,
que dejarse paralizar por el miedo, verdadero antagonista
del amor. Sin lugar a dudas, el amor es benéfico
para la salud, alimenta el cuerpo, enriquece el alma
y es una sustancia que rompe con las leyes de la física:
mientras más das, más tienes.
1 Helen E. Fisher,
Anatomía del amor . Editorial Anagrama. Barcelona:
1992. P. 53.
2 Ibid, p. 35
3 M.R. Liebowitz,
en Ibid. p. 54
4 Ibid,
Clara Coria. El amor no es como nos contaron... ni
como lo inventamos. Ed. Paidós. Buenos Aires:
2001.
Lilyán de la Vega es licenciada en relaciones
internacionales y diplomada en estudios de género.
Es traductora y escritora feminista, además
de mamá de tiempo completo. Actualmente colabora
con la Revista Plenilunia y es voluntaria de Semillas.
Este artículo se publica en la revista
Plenilunia, febrero 2006.
Fotos
cortesía de Lucero González
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