Continua el artículo: “Mujeres Invirtiendo en Mujeres”, por Sabina Berman

Semillas recibe su dinero y con él subsidia a otros grupos de mujeres que NO dan el dinero a las últimas mujeres de la cadena. Lo que dan son servicios destinados a que estas mujeres necesitadas logren su independencia.

Que logren la misma independencia de la necesidad que a ustedes les ha permitido donar una porción pequeña de su abundancia.

A diferencia de la caridad, que da limosna, y mantiene al que recibe con la mano extendida, siempre esperando una ayuda siguiente, Semillas cree que su labor debe desembocar en la autonomía de cada una de las mujeres que reciben la ayuda.

Una mujer con salud mental, una mujer informada de sus derechos humanos, una mujer adiestrada y equipada para gozar su libertad sexual, una mujer capacitada en sus habilidades laborales, una mujer apoyada por abogados o abogadas para ejercer con eficacia sus derechos ciudadanos, una mujer con acceso a médicos y médicas que la restauren a la plena salud física, es una mujer que no necesitara de más ayuda. Necesitará de menos ayuda en lo sucesivo. Será independiente.

A diferencia de la bondad abstracta que estila la derecha, que le da a las mujeres palabras de buena voluntad y rezos, fantasías esotéricas y sesiones de arrepentimiento y rezos, esta ayuda quiere ser decisiva para que la mujer ayudada jamás tenga que volver a necesitar.

Y les quiere dar también libertad de ser en el mundo amplio, a diferencia de esa otra bondad, la bondad reaccionaria, que también ejerce la derecha, y que consiste en regresar a las mujeres al pasado: es decir, al encierro de sus casas y a la trampa de un papel masoquista en la vida.

Hoy mismo en las calles de las ciudades perdidas de nuestro país hay estas mujeres de aretes de oro que con buena intención y ausencia de información van de puerta en puerta, ofreciéndoles a otras mujeres la dudosa ayuda de regresarlas a ser sirvientas gratuitas. Cocineras a cambio de nada, amas de casa a cambio de nada, expiadoras de culpas familiares a cambio de nada, nanas perpetuas de niños y adultos, alumbradoras sin tregua de hijos deseados y no deseados.

En nombre del amor, estas señoras de la caridad, estas señoras no enteradas de que en el 70% de los hogares mexicanos existe violencia contra la mujer, van de puerta en puerta enlistando mujeres para cursos de rehabilitación en el papel de la mujer en el medioevo.

Semillas lo que nos requiere a nosotras es una bondad que descaradamente busca hacer de las mujeres que la reciben seres humanos libres.

Una mujer informada de sus opciones para abortar –de ser o no ser madre–, una mujer con acceso a anticonceptivos, una mujer con acceso a créditos bancarios, una mujer informada de los conceptos que arman su ser culturalmente mujer, una mujer –otra vez hay que repetirlo–que se sabe sujeto de derechos humanos, una mujer que se descubre sujeto inteligente y se niega a ser objeto pasivo, una mujer descaradamente, sin disculpas, alegre de tomar sus decisiones, una mujer entrenada en decidir y no ser rehén de nadie ni nada, en suma: una mujer que se descubre con una libertad hecha de posibilidades reales, diversas, viables, es una mujer elevada de una condición de perpetua necesidad a una condición de dignidad.

Eso cree Semillas. Y yo –y seguramente ustedes–con ellas.

Este es el mensaje.


III.

Este es el mensaje y Semillas lleva ya varios años aterrizándolo. Son cerca de 240 financiamientos que ha dado a grupos que trabajan para el mejoramiento de mujeres en el país.

Yo les aconsejo que se acerquen a Semillas y hojeen sus folletos, y se enteren de estos casos donde la Revolución de las mujeres es en efecto un movimiento social concreto, lento, sí, pero seguro. Cotidiano.

Lean por ejemplo de las fabulosas Hormigas de Rancho Anapra de Ciudad Juárez.
Las fabulosas Hormigas son dos monjas convencidas de su cristiandad. Cuando las autoridades católicas las transfirieron de la zona pobre de Ciudad Juárez a una escuela de señoritas aristocráticas, colgaron sus hábitos para regresarse a la pobreza.

Para regresarse a ocuparse de las urgencias de las mujeres más arrinconadas de nuestro país, esas que viven sin agua corriente, sin electricidad, sin nada, detrás de la malla ciclónica por la que ven El Paso, Texas, los edificios de cristales espejeantes del Primer Mundo y sus jardines verdes regados por aspersores de agua Evian.

Las Hormigas, la ex –monjas, hacen en Rancho Anapra su trabajo cotidiano así de lento y tenaz como las hormigas. Entre otras cosas, en 2004 Semillas les ayudó a financiar un comedor económico y solidario, ahí en el doble desierto que es Rancho Anapra: desierto de arenas calientes y desierto de servicios públicos. Las santas Hormigas de Juárez sirviendo comida caliente a las mujeres que han pasado 9 horas de trabajo en la maquila: aquí, desde este auditorio, las beatificamos, sin intermediación del Papa.

Entérense también de la casa para mujeres abusadas en La Merced, donde a fuerza de puro ovario y un poco de ayuda de otras mujeres, se les da para existir a ellas y a sus hijos con la condición única e inapelable que se adiestren en algún oficio –informática, cultoras de belleza, lo que quieran o puedan.

Lean también de los 3 grupos de artesanas, dos en Oaxaca y uno en Chiapas, que Semillas está apoyando. El grupo Yohocuaha en San Juan Colorado, Oaxaca; Mujeres que Tejen Sarapes, de Teotitlán del Valle, también en Oaxaca; y Sociedad Cooperativa de Mujeres por la Dignidad, de Chiapas.

Estas artesanas están decididas a no ser ya lo que se espera de ellas. Bien lindas y folklóricas e inermes. Mordedoras tímidas de sus rebozos. Nada de eso: quieren ser ni más ni menos empresarias, dueñas de todo su proceso de producción y distribución de objetos bellos, eso además de artistas. Están ahora en la lucha por incrementar las ventas de sus artesanías a través del diseño de nuevos productos y ubicando nichos de mercado.

El proyecto es a 4 años y está en la segunda etapa, terminando los prototipos y los muestrarios de los nuevos productos de dos de los tres grupos. La siguiente etapa será ubicar los mercados y arrancar la producción.

A mí, que soy artista independiente, me parecen mis hermanas de intento. Y mi donativo de este año a Semillas será inspirada en ellas.

En el Valle de San Quintín, Semillas y 3 organizaciones pro-mujer locales han armado una campaña de comunicación para promover la conciencia sobre los derechos de las trabajadoras y las jornaleras. Una campaña que el año pasado terminó en una reunión donde se sentaron también con ellas las instituciones de gobierno, para conjuntar esfuerzos.

Este es un proyecto especialmente interesante porque ha logrado unir el trabajo de varios grupos. Y este año entra a una nueva etapa robustecido por nuevas alianzas.
De nuevo viene a cuento Juárez. La pesadilla de Juárez. Juárez que es un remolino de los peores vicios de nuestro país. La falta de Justicia. La ausencia de Gobierno. La criminalización de la sociedad. Juárez de la anarquía diaria.

Semillas ha venido apoyando a varias organizaciones en Juárez. En el 2005 también apoyó el fortalecimiento de la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa, A.C., integrada por madres y familiares de las mujeres asesinadas en, cuyo esfuerzo se centra en lograr justicia en cada asesinato.

Nuestras Hijas pudo, con el apoyo financiero de Semillas, pasar de ser una organización de voluntarias, a ser una organización ya constituida legalmente, capaz de contratar abogados para armar sus casos, darles seguimiento y presentarlos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, así como para trabajar ya como una organización civil hecha y derecha.

Podría seguir una hora más hablándoles de otros apoyos otorgados por Semillas. No se preocupen: voy a confiar en que su curiosidad las guiará a pedir material de lectura. Voy a mencionarles apenas dos apoyos más de Semillas en el año de 2005.

Ya lo sabemos: ser mujer, ser trabajadora sexual y estar en la 3ª edad es ser discriminada 3 veces. De nuevo en La Merced del centro de la ciudad de México, Semillas ha trabajado con otras mujeres valientes para abrir la Casa Xochiquetzal, un centro comunitario y casa habitación para trabajadoras sexuales de la 3ª edad. Tres veces víctimas de la discriminación, estas mujeres contaran ahora con un lugar donde existir con dignidad.

Y ahora, trasladándonos a Monterrey, Nuevo León, capital del conservadurismo mexicano, déjenme hablarles de lesbianas, bisexuales e incluso –sí: incluso– de heterosexuales activas. Monterrey, ya se sabe, es un mundo raro. Tiene más platos de recepción de televisión vía satélite Sky por habitante que ningún otro lugar terrícola, es la residencia de los cerebros de varias de nuestras contadas transnacionales de origen mexicano, y al mismo tiempo cultiva una moral del siglo XVII. O debiera decirse: cultiva la doble moral del siglo XVII, porque también sabido es que por las noches Monterrey se transforma, toda maquillada, en Montegay: la capital secreta de la diversidad sexual.

Bueno, en esta ciudad abrumadoramente doble, existe, como una punta de lanza de la modernidad, como un caballo de Troya de la Franqueza y la Salud Mental, GESS. Las siglas de GESS significan Género, Ética y Salud Sexual, A.C. Este es un grupo de reflexión sobre sexualidad donde las mujeres vienen a enterarse de sus derechos humanos, entre ellos los de la elección soberana y orgullosa de los medios para su felicidad erótica.

Como he dicho: es impresionante considerar que Semillas ha financiado 240 proyectos en pro de las mujeres. Yo les pediría ahora mismo que de pie les otorgáramos a ellas y a los grupos pro-mujer, un aplauso, PERO mejor les pido en cambio algo bastante más útil.

Desenfunden sus carteras.

O mejor no: sus carteras no, me desdigo: sus chequeras. Desenfunden sus buenas intenciones de fraternidad de género y den. Cooperen con esta Revolución de mujeres lenta y segura y cotidiana y den 250 pesos. Den dos mil quinientos. Den doscientos cincuenta mil. No importa cuánto, les diría si fuera más mentirosa de lo que soy. Sí importa.

Yo les aconsejo que no den demasiado como para que se les arruine el presupuesto personal y no den demasiado poco como para que no les abra el corazón el dar.

Dar nada es terrible. Dar un poquito es mejor pero aprieta el corazón. Dar con largueza en cambio enriquece, es bueno para la salud, expande el corazón, evita ataques cardiacos y ataques de melancolía.

Te da derecho por ejemplo de llevar en el corazón a las incansables y fabulosas Hormigas, a las artesanas empresarias, a GESS, a la Casa Xochiquetzal. Te da derecho a llevarlas en el corazón.


IV.

Antes de terminar, quiero referirme durante un momento a la bondad abstracta que antes mencioné al vuelo.

Dice la Biblia: Nada más cruel que la bondad abstracta.

Recuerdo que mi profesora de Biblia de sexto de primaria se detuvo en esta compacta frase de los últimos Salmos varias clases.

Nada más cruel que la bondad abstracta. Es decir, peor que la abstinencia de acciones buenas, es una bondad puramente declarativa, puramente verbal.

Hace dos años, un caballero declaraba por escrito su amor perfectamente abstracto al hijo de Paulina. Ustedes recuerdan a Paulina: la niña violada a la que mañosamente varias autoridades del Estado de Baja California le impidieron abortar.

Este santo caballero de cuyo nombre no quiero acordarme escribió en el Periódico Reforma al hijo de Paulina –no a Paulina por cierto, a su hijo varón–:
“Querido Isaac: quiero decirte que cuando seas mayor y busques en Internet información sobre tu caso.... quiero que encuentres estas líneas que digan que, por encima de todos los autores y grupos que debatieron con el caso de tu madre Paulina... habemos personas que festejamos que hayas nacido. Ganaste esta batalla.... estoy seguro de que eres y serás un magnífico ser humano y mereces todo nuestro respeto.” (Bernardo Graue, Enfoque, pp15, Periódico Reforma, 28 de septiembre 2003.)

Qué bonito, ¿no? Nuestro santo varón está seguro que un niño que fue traído a fuerza de violencias a un mundo que no lo esperaba y que nada planeó para él; un niño que llega como un castigo a una madre que no tendrá, ojalá me equivoque, que probablemente no tendrá los recursos económicos ni sicológicos para acunarlo amorosamente, es y será una magnífica persona.

En contra de toda lógica, este santo varón está seguro. En contra de las estadísticas que muestran que los hijos no esperados generalmente se vuelven adultos resentidos, y con toda razón, nuestro caballero de la santa ilusión delirante, le regala a Isaac su buena voluntad.

Eso, su buena voluntad, en lugar de regalarle una beca para su educación o un seguro médico.

Eso sí, una educación y una salud aseguradas, le darían a Isaac una oportunidad para llegar a magnífica persona.

El tema del aborto nos ha separado a las mujeres durante décadas. No quiero ahondar ese dolor, solamente referirme a la trampa de la bondad abstracta que impide, a muchas personas de buena voluntad, convertir su fe en hechos.

Es decir, no digo que lo correcto hubiera sido dejar a Paulina tener el aborto. Digo que imaginarse que todo saldrá bien cuando nada se hace para que salga bien, es una crueldad suprema.

Y esto ejemplifica la crueldad de la bondad abstracta a la que me refiero.

La bondad abstracta es pecado, un pecado grave, porque quita el espacio a la bondad real. Confunde la palabra buena con el acto bueno, lo da por hecho y así lo impide.

Usurpa su espacio en el Universo. La bondad abstracta es un monigote de barro colocado en el lugar donde debía aterrizar un ángel.


V.

Todo lo anterior para decirles por última vez: no sean ustedes, señoras y señoras (y señores), abstractamente buenas, abstractamente solidarias, abstractamente pro-mujeres, abstractamente pro-justicia social.

Inviertan de verdad en mujeres de verdad.

Al invertir en mujeres, inviertan –volteen, giren, modifiquen–las condiciones de las mujeres.

Vuélvanse verídicamente inversionistas de mujeres.

Esto es feminismo real, no literatura. No retórica.

Carajo, si las palabras pudieran convertirse en anticonceptivos y medicamentos para el SIDA, en alumbrado público para Lomas de Poleo en Ciudad Juárez, en Estado de Derecho para las mujeres de México, en siquiera una pizca de leche en polvo para la casa de madres antes prostitutas, en comida para las trabajadoras sexuales de la 3ª edad de La Merced; si las palabras pudieran volverse mágicamente esterilizantes para las parteras oaxaqueñas, libros para las niñas de Chiapas, riqueza para las artesanas del país; este discurso bastaría para cambiar al mundo.

Pero las palabras son muy débiles, cuando se trata de aliviar la realidad de la miseria y la violencia.

Ahí, en Ciudad Juárez, en Lomas de Poleo, bajo esta misma noche de hoy, en una oscura calle de polvo, una chavita camina casi a ciegas apresurando el paso para llegar sana y salva a su casa, para no ser “la asesinada de cada dos semanas en promedio” de la monstruosa lista de asesinadas de Juárez. Y en Toluca otra chavita va caminando igual en la oscuridad, sobresaltándose con cada ruido que cruza por la hierba a su lado. Y en Tijuana otra chavita camina llorando de miedo y clavándose las uñas en las palmas para resistirlo.

Les digo otra vez que si las palabras bastaran, que si la buena voluntad abstracta bastara, para que de pronto 3 combis de transporte público aparecieran con los faros encendidos en las 3 calles para llevarlas a las 3 sanas y salvas a sus casas, Semillas no existiría.

Pero como las palabras no pueden tanto, señoras y señores, vuelvo a sus carteras.
No pongan su corazón en la cartera, pongan la cartera en su corazón.

Saquen su cartera y den doscientos cincuenta pesos. O doscientos cincuenta mil. O saquen su chequera mejor y al firmar sientan el aterrizaje glorioso de su buena voluntad; ese aterrizaje que vuelve verdadera su buena voluntad y la multiplica, la integra a una cadena de buenas voluntades que se provocan una a la siguiente.

Una cadena de buenas voluntades que se eslabonan para volverse Historia.

Agreguen esta noche un eslabón a la Historia de las mujeres. Saquen sus carteras.

Amén.

Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México, noviembre 9, 2005

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