Mujeres
y derecho al voto

LA LUCHA DE LAS MUJERES POR SUS DERECHOS POLÍTICOS Y SOCIALES A LA MITAD DEL SIGLO XX
Ma. Cristina Sánchez-Mejorada F.

La lucha de las mujeres para obtener derechos, en especial, derechos políticos, para ser reconocidas como ciudadanas mexicanas, se remonta hacia finales del siglo XlX, cuando algunas demandaron una mayor participación en el ámbito público.

Lo público y lo privado son representaciones de la sociedad, el espacio o esfera pública se ha identificado como el lugar del trabajo que genera ingresos, la acción colectiva, el poder, es decir, los lugares donde acontecen las actividades propias de la ciudadanía; en tanto la esfera privada se refiere al mundo y negocios privados, al ámbito doméstico, al trabajo no remunerado. El primero ha sido responsabilidad fundamental de los hombres y el segundo de las mujeres.

A pesar de que la confinación de la mujer al ámbito privado contiene un fuerte peso cultural y simbólico, durante la revolución mexicana y después de ella, un importante grupo de mujeres tomaron conciencia y reclamaron para sí el mundo de lo público 1. Se plantearon luchar por los derechos políticos de los cuales habían sido excluidas, se organizaron para obtener el derecho a votar y la igualdad política y social entre hombres y mujeres.

Si bien, en esta lucha de las mujeres por la igualdad entre géneros, por ejercer sus derechos como sujetos sociales y políticos se sumaron las mujeres pobres, su presencia y participación en el ámbito público tenía más que ver con la responsabilidad de satisfacer sus necesidades básicas, mejorar las condiciones de vida de la familia y de la comunidad .

Así a la mitad del siglo XX, nos encontramos con la disputa y el reclamo de las mujeres por lo que podemos denominar la ciudadanía plena, es decir, la posibilidad de obtener y ejercer sus derechos civiles, políticos, económicos y sociales. La ciudadanía política hace referencia a la lucha por el sufragio y la posibilidad de ocupar cargos públicos, la ciudadanía social incluye el derecho a una mínima seguridad económica mejores condiciones de vida y de bienestar social. Bienestar que no ha sido para todos, pues han quedado relegados quienes desde un principio han sido excluidos de la ciudadanía civil y política: las mujeres y todos los varones de grupos sociales no dominantes.

Si bien, por la división genérica del trabajo, es al hombre a quien le corresponde el sostenimiento del hogar, la mujer no es ajena a este problema, en especial las mujeres pobres. Ellas juegan un papel fundamental como demandantes, hacia el Estado, de los requerimientos básicos para cubrir las necesidades de subsistencia de la familia. Son ellas, con su propia forma de vivir y resolver los problemas económicos, políticos y sociales las que buscan salir del ámbito privado y enfrentar los problemas económicos y sociales que le aquejan a la familia o unidad doméstica.

De ahí que las razones, móviles, expectativas y formas de participación de las mujeres, son diferentes de acuerdo a la clase social, al contexto donde se desarrollan, y a las propias necesidades que tienen que satisfacer. De ello, también, devienen diversos tipos de demandas y movilizaciones o acciones colectivas en las que actúan como esposas o miembros de una unidad doméstica, como miembros de una comunidad, como asalariadas, como ciudadanas y como mujeres.

La participación política y la lucha por sus derechos políticos

Decía que en México, el debate en torno a la igualdad de los derechos políticos entre el hombre y la mujer, fue retomado por el Congreso Constituyente en 1916 cuando se presentaron dos solicitudes para que se concediera el voto a la mujer 2. Según ha quedado registrado: “El Congreso se negó a otorgarle el derecho de voto a la mujer, fundamentando su decisión en que dado que las actividades de la mujer mexicana habían estado restringidas tradicionalmente al hogar y la familia, no habían desarrollado una conciencia política y no veían, además, la necesidad de participar en los asuntos públicos” 3, argumento que, como veremos, para mediados de siglo seguía vigente, predominando en la sociedad el estereotipo de la mujer-madre-esposa-ama de casa.

Una vez promulgada la constitución y hasta los años treinta, los movimientos en pro de los derechos políticos fueron escasos, aún así hubo avances relevantes. En 1922 en Yucatán se otorgó a la mujer el derecho a votar y ser votada 4, en 1924 el gobierno de San Luis Potosí y en 1925 el de Chiapas también reconocieron la igualdad de los derechos políticos para el hombre y la mujer. En 1930 se celebró en la ciudad de México el Primer Congreso de Obreras y Campesinas repitiéndose este ejercicio en 1931 y 1933. Bajo el gobierno de Cárdenas las organizaciones de mujeres se fortalecieron y llegó a formarse el Frente Único Pro Derechos de la Mujer.

Esta organización llegó a contar con más de 50 mil mujeres afiliadas, mujeres de distintas organizaciones, profesiones y tendencias: intelectuales, profesionales -maestras sobre todo-, veteranas de la Revolución, obreras, mujeres de diversos sindicatos y partidos políticos, cuya demanda principal era alcanzar el derecho al voto, pero que contenía en su programa puntos atractivos para todas. Para lograr el voto era necesario modificar la Constitución, para lo que las mujeres ejercieron presión a través de mítines, manifestaciones, conferencias y una huelga de hambre frente a la casa del presidente Cárdenas 5.

Ganar un espacio en el Partido de la Revolución Mexicana que, en 1937, se estaba reestructurando, era fundamental para un sector importante de mujeres. Por otra parte, reconocer los derechos políticos y sociales de la mujer e incorporarlas de lleno al Partido representaba un serio problema para los nacional revolucionarios ya que, por un lado, si bien las mujeres se hallaban involucradas en y con el proyecto estatal, no podían considerarse aliadas incondicionales de éste ni de sus distintas instancias, y, por otro lado, eran demasiado importantes (representaban el 54% de la población 6) para cerrarles las puertas. Ante la presión, la cúpula del partido determinó separarlas como una estrategia que le permitía incorporarlas y controlarlas a la vez, afiliándolas por sector.

Resulta interesante que a pesar de que las mujeres mexicanas todavía no adquirían sus plenos derechos políticos, diversas organizaciones de mujeres tuvieron una participación muy activa en la contienda electoral de 1940. Un grupo importante apoyaba a Juan Andrew Almazán, candidato del Partido Revolucionario de Unificación Nacional, y otro a Manuel Ávila Camacho del recientemente constituido o renovado Partido de la Revolución Mexicana. Encontrándose con ello confrontadas durante uno de los procesos electorales más discutidos de la historia de nuestro país.

Durante 1940, las mujeres organizadas realizaron múltiples manifestaciones en las que solicitaron la ampliación del periodo de sesiones de la Cámara de Diputados con el fin de que incorporaran en su agenda el último paso necesario para darle legalidad al sufragio femenino, de manera que éste pudiera ser ejercido en los comicios de ese año, pero esto no ocurrió. Según algunas evidencias el proceso de reforma constitucional fue parado por el ejecutivo ante el temor de que el voto masivo de las mujeres, fortaleciera las posturas más conservadoras y eligiera como presidente a Juan Andrew Almazán, temor que no estaba infundado, dada la activa y beligerante participación de las mujeres que apoyaban a dicho candidato.

Sin embargo, el haberse incorporado por sectores dentro del partido las llevaba a proclamar las causas de los trabajadores, campesinos, colonos, etc. y con ello perdieron la fuerza para demandar cuestiones específicas de género, su fuerza y trabajo se fue debilitando al grado de que el Frente Único Pro Derechos de la Mujer desapareció. Así las mujeres organizadas se habían quedado sin derecho al voto y sin fuerza, sin una organización propia que levantara sus demandas específicas. "Su error había sido no mantener una lucha autónoma, su unión al Partido de la Revolución Mexicana había delegado en el Estado una lucha que sólo ellas podían y debían llevar a cabo" 7.

Con objeto de reorganizar el disuelto Frente y continuar con el mismo programa las mujeres de orientación comunista, que militaban dentro del Partido de la Revolución Mexicana, integraron en 1943 el Bloque Nacional de Mujeres Revolucionarias 8. En ese año realizaron diversas movilizaciones y acudieron al Congreso para que modificaran la constitución y se otorgara a la mujer el derecho a votar y ser votada. Sin embargo, el argumento en aquel momento fue que las condiciones de guerra por las que atravesaba el país impedían que ese tema se debatiera en la Cámara, además de argumentar que no tenían que estar interviniendo en ello, ya que su deber para con la patria se limitaba a atender a su hogar y familias.

No se le reconocían sus derechos pero se le reconocía y premiaba su abnegación. El día de madre era ampliamente festejado, el gobierno y particulares 9 se ocupaban de realizar diversas actividades y otorgarles regalos. La esposa de Ávila Camacho inició el reconocimiento oficial a las madres (10 de mayo), por lo que cada año en esa fecha tomabas diversas medidas, por ejemplo: hizo devolver a sus dueñas las máquinas de coser empeñadas en el Nacional Monte de Piedad, pagando ella los préstamos; regaló varios miles de estufas de petróleo; distribuyó entre las humildes víveres y ropa. En el gobierno de Alemán, su esposa, siguiendo aquel ejemplo, tan sólo en el primer año de gobierno rifó 20 casas entre las madres necesitadas, repartió 5 mil bultos de ropa y mil estufas en las colonias proletarias. Se homenajeaba a la madre heroica (la que tuvo el mayor número de hijos en actividades militares), a las más prolifera, a la viuda abnegada, etcétera.

Ante la falta de sensibilidad en la esfera gubernamental, las integrantes del Bloque Nacional de Mujeres Revolucionarias siguieron trabajando y aprovecharon las elecciones para continuar con sus demandas. La organización se fortaleció al participar en la campaña a favor de Miguel Alemán (ahora ya dentro del Partido Revolucionario Institucional), llegando a contar con 20 mil afiliadas directamente o mediante 500 organizaciones 10. Además de luchar por la igualdad de los derechos civiles y políticos, el programa del Bloque contenía tres aspectos centrales: 1) el social que tenía como premisa fundamental la asistencia social de la mujer y del niño, la que debía lograse no sólo por medio de las instituciones oficiales, sindicales o políticas, sino también por la cooperación de la comunidad 11 y en forma privada dirigida por las mujeres de la organización; 2) en lo económico, la tarea fundamental del Bloque era la educación de las mujeres para incorporarlas a las diversas ramas de la industria, y también el incremento de las industrias familiares y típicas, merced a las cuales pudieran lograr mejores condiciones de vida; y, 3) en el aspecto cultural las mujeres del Bloque tenían como premisa contribuir al máximo en la alfabetización femenina e incluían dentro de su programa conferencias populares, exposiciones, conciertos, etcétera 12.

Las mujeres estaban muy claras de sus derechos y por ello, durante la campaña presidencial, el Bloque actuó bajo el siguiente ideario: a) por un hogar sin miseria; b) por una infancia y una juventud libres de ignorancia y de toda angustia moral; c) por una maternidad feliz; d) por las mismas posibilidades de trabajo y cultura que el hombre; e) por la igualdad de derechos civiles y políticos con el hombre; f) por una patria independiente; y g) por una paz justa y duradera 13.

El trabajo proselitista consistió en formar grupos de orientación cívica en favor de Miguel Alemán, para lo que las mujeres del Bloque realizaron visitas domiciliarias en rancherías, ejidos y colonias populares. Difundieron el programa de campaña, así como la nueva ley electoral y convencieron a las mujeres para que obligaran a sus hombres a empadronarse. Estos grupos de acción cívica realizaron mítines y asambleas de orientación. Tan sólo en el Distrito Federal se llevaron al cabo cerca de 500 actos en las barriadas más populosas 14. Para el día de las elecciones, se organizaron grupos de enfermeras, para atender emergencias, y cada unidad estuvo adscrita a una casilla. Otro grupo de mujeres tuvo a su cargo proporcionar refrigerios y repartir propaganda. Pero lo más interesante es que instalaron casillas para realizar unas elecciones simbólicas; el día de la elección se reunieron previamente en locales aparte y allí votaron cerca de 15 mil mujeres que mostraron su adhesión a Miguel Alemán 15.

La relevancia del trabajo de las mujeres durante la campaña presidencial de Miguel Alemán les llevó a ganar su participación en la integración de los municipios. En el mitin celebrado el 27 de julio de 1945, en la Arena México, el candidato ofreció que -de llegar a la presidencia- les concedería todos los derechos cívicos en la vida municipal y otorgarles puestos de responsabilidad en el gobierno 16, a partir del reconocimiento de su capacidad y la consideración de que la organización municipal era la que más contacto tenía con los intereses de la familia. El 24 de diciembre de 1946, la Cámara de Diputados aprobó la iniciativa de ley enviada por el ejecutivo, en la que se concedía el voto a la mujer en las elecciones municipales.

En términos generales privaba la idea de que como ser humano tenía derecho a la dignidad, a la igualdad y a la participación política y social, siempre y cuando no descuidara las labores del hogar y renunciara a su vocación de madre. Políticamente se consideraba que el sufragio femenino traería varias ventajas, entre otras: representaba la voluntad de un buen número de ciudadanos; fortalecía el civismo entre los varones al ver que las mujeres acudían a las urnas; socializarían una actitud cívica (ya que por el papel de las mujeres dentro del hogar lograrían formar dentro de éste un núcleo cívicamente consciente de sus obligaciones) y se sanearía el proceso electoral.

Cabe decir que, para los círculos más conservadores, la participación de las mujeres en los comicios electorales era vital, pues con ello aumentaba votos para neutralizar a las fuerzas de izquierda. Con el avance del comunismo y del fascismo en el mundo para la Iglesia era de suma importancia la participación política de la mujer, ya que por lo general era la más cercana y fiel a sus principios. Ello claramente se reflejó en el mensaje que el Papa Pío XII dirigió las mujeres del mundo, el 21 de Octubre de 1945, por medio del cual las invitaba a votar y a que tuvieran una participación más activa en la vida política de sus países:

Si bien, como señalaba, en 1946 se modificó la Constitución General y algunas mujeres fueron electas como regidoras o alcaldesas 17, en muchos estados no se modificaron las constituciones locales, por lo que no sólo fue una reforma parcial sino incompleta. Por ello las mujeres organizadas desde sus diferentes trincheras, incluyendo organizaciones internacionales como la Comisión Interamericana de Mujeres 18 presidida por una mexicana, siguieron presionando para que les otorgara el ejercicio total de sus derechos cívicos.

La presión internacional, que supieron aprovechar bien las organizaciones de mujeres mexicanas, también jugó su papel. La Comisión Interamericana de Mujeres se creó, con objeto de hacer frente a la discriminación por sexo. En 1938 realizó la Convención sobre la nacionalidad de la mujer casada, y en 1948 las Convenciones sobre los derechos políticos y civiles de las mujeres. En ese mismo año la Organización de Naciones Unidas promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la que se reconocía la igualdad entre hombres y mujeres 19. En esta declaración jugaron un papel fundamental las feministas que formaban parte de la Comisión sobre la condición jurídica y social de la mujer, que se había constituido en 1946 el mismo seno de las Naciones Unidas.

En 1951 se realizó en el Distrito Federal el II Congreso Interamericano Femenino organizado por la Federación de Mujeres de las Américas. Entre los resolutivos del Congreso destaca la de dirigirse al presidente Miguel Alemán y al Congreso de la Unión con objeto de pedirles que promovieran las reformas de las disposiciones legales correspondientes, a fin de que la mujer mexicana adquiera derechos políticos plenos 20.

Dada la falta de beligerancia y fuerza del movimiento de mujeres durante los años cuarenta, anulados en buena medida por las propias características de control y gestión (corporativo y clientelar) que adquirió el sistema político mexicano, llevó a que las mujeres buscaran apoyo en las Conferencias y Organizaciones Internacionales, en las que se difundía que una verdadera democracia requería incluir a la mujer en la vida pública.

De ahí que una de las más destacadas feministas de la época, la Sra. Amalia C. de Castillo Ledón, aprovechando que era presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres, se entrevistó con el candidato a la presidencia Adolfo Ruiz Cortines, le pidió que les concediera el voto a las mujeres. El candidato le ofreció su apoyo siempre y cuando le entregara 500 mil firmas de mujeres solicitantes. Doña Amalia se lanzó a la tarea y fundó la Alianza de Mujeres de México para unir a todos los grupos femeninos que existían y coordinar la acción. Recorrió gran parte de la República y con la ayuda de las delegadas de la Alianza en provincia alcanzó su objetivo y pudo entregar a Ruiz Cortines el documento solicitado y éste se comprometió que -de llegar a la presidencia- otorgaría a las mujeres ese derecho 21.

Un año después de haber tomado posesión de la presidencia, por decreto se otorgó a las mujeres plena igualdad con el hombre para ser elegida o designada para ejercer cargos públicos" 22. La edad para ejercer el voto era de 18 años cuando estaban casadas y 21 si eran solteras.

Debe decirse que para ese entonces había consenso entre las diversas agrupaciones políticas acerca de que ya era tiempo - de hecho era de los últimos países latinoamericano donde no se había otorgado ese derecho- de reconocer a las mujeres la plenitud de sus derechos cívicos y políticos.


La participación social

Las crisis económicas y la incapacidad del Estado como prestador de servicios de salud, educación, transporte, vivienda y subsidios a productos básicos, llevaron a que las familias, y en forma especial las mujeres, desempeñaran una función clave como colchón amortiguador del deterioro de las condiciones de vida. Sin embargo, a pesar de esos esfuerzos, las alternativas de las que se valían los hogares para sobrevivir en situaciones de crisis eran injustas e insuficientes. Las mujeres generaban estrategias de sobrevivencia, pero también se organizaban y demandaban del Estado la prestación adecuada de los servicios y en general una mejor atención a sus condiciones de vida.


Las mujeres contra la carestía de la vida

Dar de comer es dar vida y el papel de madre, que implica la responsabilidad de proveer de alimentación diaria a la familia, históricamente ha llevado a la mujer a incorporarse a diversos movimientos y acciones colectivas, dentro y fuera de la organización formal.

Si bien el proceso inflacionario se inició a finales de los años treinta fue a partir de 1942, con la declaratoria de guerra, cuando el problema se tornó más agudo. La prensa y revistas de opinión daban permanentemente cuenta de la difícil situación por la que atravesaban los habitantes de la Ciudad. En las calles de los barrios populares podían advertirse largas colas de mujeres cargadas de niños y bolsas vacías “No había masa o casi no la había; se anunciaba que iba a escasear la carne; durante los días siguientes el azúcar llegaría en muy pequeñas cantidades a la capital., etc, etc. Las condiciones eran tales, que los mismos aliados del gobierno, los diversos sectores del PRM, encabezados por las mujeres, empezaron a movilizarse, realizaron una buena cantidad de mítines y manifestaciones en contra de la carestía de la vida.

En septiembre de 1943 se constituyó la Comisión de Abastecimiento y Control de Precios del Distrito Federal. El Oficial Mayor del Departamento fue designado presidente y los representantes de las organizaciones obreras y populares fueron llamados para participar como vocales. La comisión tendría a su cargo la vigilancia de los precios y coordinar la distribución de víveres en la capital. Para lo primero se integró un cuerpo de inspectoras honorarias -mujeres de las colonias populares, debidamente capacitadas- que recorrerían los mercados y expendios de productos de primera necesidad, anotaban los casos de infracción y los consignarían a la Comisión cuyos, vocales imponían las penas adecuadas. "Este nuevo sistema surgió para evitar los graves males -inmoralidad, coyotaje, mordida- a que había dado lugar el sistema de inspectores a sueldo. Las vigilantes honorarias registraron en dos días más de 600 infracciones y 250 casos de denuncias telefónicas" 23.

Las organizaciones de mujeres de la época, consideraban que el mayor beneficio, cuando las mujeres tuvieran los mismos derechos que los hombres, sería su contribución directa en todos los problemas que afectaban la vida social y económica de la nación ya que ellas los vivían y palpaban continuamente. Uno de esos problemas era justamente el de la carestía de la vida.

En todo este trabajo las organizaciones que jugaron un papel decisivo fueron las Ligas Femeninas del Distrito Federal afiliadas a la Confederación Nacional de Organizaciones Populares. Para apoyar a las colonias proletarias se constituyeron Ligas de Consumo que ayudadas por la Secretaría de Economía abrieron diversos expendios para sus asociadas en donde se vendían los víveres al mismo precio que las distribuidoras oficiales.

Las mujeres salieron del ámbito privado y se incorporaron al mundo público con objeto de defender la economía de la familia y por tanto mejores condiciones de vida.


Las mujeres en las colonias proletarias

En 1940 el Distrito Federal se dividía política y administrativamente en la Ciudad de México y 12 Delegaciones Políticas. A partir de este año la migración del campo a la ciudad fue tan notable que en diez años la población casi se duplicó pasando de 1,757,530 a 3, 050,442 24. La falta de salidas en que se encontró el problema inquilinario (con todo y la política de congelación de rentas) y la escasez de la vivienda, influyó de manera significativa en la formación de las colonias proletarias. Durante la década entre 1940 y 1950 se formaron o reconocieron 207 colonias. Por lo que respecta a los servicios, la situación era dramática especialmente en las Delegaciones en donde sólo el 32% de las viviendas contaban con agua entubada, en la Ciudad de México este porcentaje ascendía al 50% 25.

Mujeres emigrantes del campo a la ciudad se posesionaron de tierras que colonizaron invadiendo o comprando a fraccionadores clandestinos y así ingresaron al espacio urbano como habitantes "irregulares o ilegales". ¿Qué sabían de la ilegalidad de derechos y obligaciones, de escrituras y reglamentos? Nada. Lo que sí sabían es que el ser madre-esposa-ama de casa las obligaba a arriesgarse a buscar cualquier forma de resolver la necesidad de "un pedacito de tierra", "de un lugar donde vivir", de una vivienda, de servicios básicos. Las mujeres fueron productoras del espacio habitable al tomar parte en la épica de la urbanización popular periférica que abarcó la mitad de la superficie del Distrito Federal 26.

Para enfrentar la falta de servicios e incluso la introducción de los mismos se requirió de la mano de obra de los colonos. A través de faenas colectivas, en las que participaban también las mujeres, se abrían calles, se aplanaban, se cavaban sepas para introducir el agua y el drenaje, se levantaban muros, etcétera. Y fue, a través de estas faenas que se tejieron redes de solidaridad y de cooperación local y las estrategias de sobrevivencia familiar como se dieron las interacciones que relacionaron a las mujeres con la dinámica de la vida social urbana 27.

El gobierno impulsó un programa de trabajo denominado de Acción Femenil, destinado a las mujeres más pobres. A partir de este programa se construyeron, en las colonias proletarias, Centros Femeniles de Trabajo los que, además de brindarles servicios (médico y baños de agua caliente) y espacios adecuados dotados con agua, luz (en sus casas no tenían) y maquinaria especial para el desarrollo de su trabajo doméstico: lavado, planchado y cosido de ropa, les permitía obtener algunos ingresos extras.

Por su parte, las organizaciones de mujeres, además de luchar permanentemente por los derechos sociales y laborales de las mujeres, como señalé, también se ocupaban de realizar actividades de servicio social y atender a las mujeres más pobres, en especial a las mujeres solas. De acuerdo con el Censo de 1940 había en el país 1,058,493 mujeres solas (madres solteras, viudas y divorciadas) de las cuales alrededor de un 70% sostenían el hogar. De todas ellas un 85% se dedicaba en su domicilio a la costura, el tejido o a la manufactura de diversos productos, el resto prestaba sus servicios como empleada doméstica, lavando y planchando ajeno. Por ello, el apoyo que brindaban, como en el caso del gobierno de la ciudad, se refería fundamentalmente a la capacitación para el trabajo o a dotar a las colonias de cierta infraestructura que les permitiera desarrollar dichas actividades.

Además de las deplorables condiciones de su vivienda (construidas provisionalmente con material de desecho), los problemas de hacinamiento e insalubridad por la falta de servicios, las mujeres se enfrentaban cotidianamente a la manipulación y las amenazas permanentes de los líderes y autoridades, malos tratos y vejaciones y, en general, a los problemas de fraude y de corrupción que se fueron arraigando a los procesos de ocupación irregular del suelo.

Incorporadas a las Ligas y a las Asociaciones Pro-Mejoramiento de las Colonias Populares 28 o a otras organizaciones de colonos, las mujeres jugaban un papel muy activo dentro de estas, sobre todo en lo que se refería a la lucha contra la corrupción, la imposición de sus representantes y desde luego en la defensa de sus posesiones. Por ello varias mujeres fueron encarceladas o murieron en algún enfrentamiento:

Además de demandar la introducción de los servicios, valientemente denunciaban la arbitrariedad y parcialidad de la oficina de colonias proletarias, el contubernio con y entre líderes corruptos, la imposición y manejo de prácticas antidemocráticas y autoritarias, la injusticia cometida a colonos, la violencia con la que eran tratados y desalojados por la policía, por sólo mencionar algunas cosas. Aunque no de manera francamente visible, ya que los visibles eran los hombres, encabezaron los procesos de ocupación del suelo, defendieron su espacio y a sus líderes y se enfrentaron a las autoridades, lo que como decía en ocasiones les costo la libertad y hasta la vida.


Reflexiones finales

Hasta bien entrado el siglo XX, las mujeres seguían siendo "ciudadanas de segunda clase" sobre la base de que sus virtudes domésticas y "atributos especiales" no las pertrechaban para más. Pero las mujeres aprendieron a desplegar este lenguaje de la diferencia de manera que pusieron en duda la división público-privado utilizada para descalificarlas de la ciudadanía política y la igualdad legal. Mujeres de clases y matices diferentes empezaron a cuestionar el tratamiento que les daba la ley y a impugnar los términos de la exclusión social y política. Y esto lo hacían de manera que conferían un significado especial al papel que desempeñaban en la familia. Esto dio significado a construcciones de la feminidad que se referían a cómo se esgrimía la cuestión de la diferencia en relación con los derechos de las mujeres, la política social y la participación política 29.

En este trabajo hemos visto como las mujeres participaron en política antes y después de conseguir el voto de una manera diferente a la masculina haciéndose presentes en las coyunturas políticas, sociales y económicas y como durante estos años, un grupo de mujeres pelearon con dedicación y entusiasmo por alcanzar la igualdad entre géneros, así como sus plenos derechos cívicos, políticos, económicos y sociales. Junto con ellas, también hemos visto a miles mujeres que dejaron de lado sus actividades domésticas para sumarse al trabajo comunitario y a enfrentarse al gobierno con tal de mejorar sus condiciones de vida.

Las mujeres que participaron en los movimientos y organizaciones descritas, salieron del ámbito privado para incursionar en el público. Las sufragistas buscando un lugar y reconocimiento dentro del mismo espacio, lo que en buena medida lograron al obtener la plena ciudadanía con el derecho a elegir a sus gobernantes y poder ocupar cargos públicos. Las colonas se incorporaron a lo público por necesidad y, en esa lucha, consiguieron un lugar donde vivir, construyeron colonias, defendieron y construyeron la ciudad. De esta manera, en este proceso de construcción social, las mujeres pudieron apropiarse e incidir en la realidad que les tocó vivir.

Han pasado cincuenta años y aunque se ha avanzado sobre los derechos civiles y políticos de las mujeres, estos todavía no son equitativos a los de los hombres y existe un profundo rezago sobre los derechos económicos, sociales y culturales. Por esto y por una serie de elementos que tuve que dejar sobre la mesa me permito concluir

- La ciudadanía es ante todo un proceso dinámico, fundamentalmente porque responde a las características de exclusión e inclusión de los diferentes momentos históricos y a las condiciones pasadas y actuales en los que se perfila y ejerce.

- A pesar de los rasgos comunes, las variaciones en las formas de construcción ciudadana, el peso de las condiciones socioeconómicas y políticas y culturas y el desarrollo desigual de las dimensiones ciudadanas entre las personas y en una misma persona, son enormes. La pretendida "universalidad" de los derechos ciudadanos ha invisibilizado a los sectores excluidos del inicial (y en muchas formas prevaleciente) modelo hegemónico. Muchas de las concepciones ciudadanas prevalecientes si bien tienden a reconocer la diversidad, no asumen la dimensión de desigualdad que esta diversidad conlleva ni las formas como esta desigualdad determina el acceso diferenciado y desigual a los derechos ciudadanos. Esta desigualdad ha sido intrínseca al desarrollo de las ciudadanas modernas, pues su surgimiento se dio en condiciones de profunda inequidad, al tratar a los diferentes como desiguales, fuera de la norma, excluidos.

- Este proceso, que excluye e incluye permanentemente, hace que ninguna de estas dimensiones ciudadanas sea nunca completa, ni se desarrolle tampoco en forma similar, ni en una persona ni entre las personas. Este complejo proceso indica que la "evolución" y construcción de las diferentes dimensiones de la ciudadanía no corresponde a un proceso lineal, ni apuntando en una sola dirección.

- Las diferentes perspectivas dan cuenta de una característica fundamental de la ciudadanía: la de no ser una categoría estática, sino mas bien flexible, dinámica, en relación con su entorno, contextualizada, como lo demuestra la forma en que las diferentes dimensiones ciudadanas se fueron perfilando y conquistando.

- Las formas de expansión de las ciudadanías generalmente han correspondido a un doble movimiento: desde abajo, a partir de las luchas de diferentes grupos no hegemónicos que han impulsado incursiones democratizadoras buscando ampliar sus derechos ciudadanos, y desde arriba, ya sea por la presión de los excluidos (los de abajo), ya sea por los intentos populistas y/o modernizantes de los estados en la región. Los derechos ciudadanos otorgados desde arriba han significado generalmente una continuidad y han sido generalmente vistos o utilizados como mecanismos de cooptación o neutralización (por ejemplo la dación del voto a las mujeres por gobiernos dictatoriales), pero también han logrado generalmente ampliar el horizonte referencial de la sociedades. La construcción de la ciudadanía desde abajo no solo ha significado la ampliación real de los derechos ciudadanos sino también una expansión simbólica, en las sociedades y en las subjetividades, del espacio del ejercicio ciudadano, del espacio de derechos.

- Frente al derecho de la ciudadanía de ser protegido contra el ejercicio arbitrario del poder del estado, la nueva institucionalidad regional e internacional y ahora digamos global, se ha constituido en una posibilidad real de acceder a la justicia desde las presiones desde arriba y desde lo global. Fue el caso de de la Comisión Interamericana de Mujeres y la Federación de Mujeres de las Américas y más recientemente, entre otras, la Convención para Prevenir, sancionar y erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como la "Convención de Belem du Pará", que ha permitido a las mujeres de la región encontrar apoyo y presión hacia los gobiernos que ejercen o permiten la violencia -doméstica, sexual, cultural o política- contra las mujeres. A nivel nacional e internacional se han tejido redes temáticas y de identidad y se han señalado días específicos de luchas compartidas en la región y a nivel global como el que hoy nos convoca: el día de la Ciudadanía Latinoamericana.

Ma. Cristina Sánchez-Mejorada F. es Profesora Investigadora de tiempo completo del Departamento de Sociología de la UAM-Azcapotzalco y donante de la Red MIM.

NOTAS:

1 Fernández Christlieb Paulina. “Participación Política de la Mujer en México” en Anna M. Fernández P (compiladora) Las mujeres en México al final del milenio. PIEM/COLMEX, México D.F. 1995 p.88.

2 Se trató de un movimiento político internacional, ya que por lo general el desenvolvimiento de las mujeres en la vida pública y privada era muy restringido. Su principal objetivo fue la obtención de los derechos políticos plenos.
Una de estas solicitudes era de Hermila Galindo. Cabe señalar que también se enviaron al Constituyente cartas de mujeres como Inés Malváez que se oponían al voto femenino. La Nación 22 de Marzo de 1947, p. 18.


3 Fernández Christlieb Paulina. “Participación Política de la Mujer en México” en Anna M. Fernández P (compiladora) Las mujeres en México al final del milenio. PIEM/COLMEX, México D.F. 1995 p.88.
Esto ocurrió bajo el gobierno de Felipe Carrillo Puerto en 1923 algunas mujeres ganaron las elecciones municipales y se eligieron tres diputadas, pero cuando el gobernador dejó el poder fueron destituídas.

4 Tuñón P, Enriqueta (1992). El otorgamiento del sufragio femenino en México. Tesis para obtener el grado de Doctora en Historia. FCPyS /UNAM. México.

5 De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda en 1950 en el D.F. eran 949 955 mujeres.

6 Tuñón Enriqueta. Op. cit.p.95

7 El Bloque estaba adherido a la Federación Democrática Mundial de Mujeres. El Comité Ejecutivo Nacional del Bloque estaba integrado así: Secretaría General Estela Jiménez Esponda; Secretaria de Organización Concha Áviña; Secretarias de Prensa y Propaganda Adelina Zendejas y Nelly Campobello; Secretarias de Acción Económica Antonia Soto, de Acción Social Carmen de la Fuente; de Acción Política Esther Chapa y Margarita M. de Alemán; de Acción Cultural Guadalupe Ortiz y de Finanzas Carolina B. De Méndez. Tiempo 19 de Julio de 1940, p. 45.

8 En México, el Día de la Madre fue instituido en 1923 por Rafael Alducin, entonces director de Excélsior. Al principio, sólo ese diario y la Cruz Roja, pusieron empeño en la celebración de la fiesta. Más tarde, gracias a la publicidad de las grandes casas comerciales, la celebración llegó a generalizarse, a tal punto que hace un año se presentó a la Cámara de Diputados una iniciativa para declarar fecha nacional, oficialmente, la que ya lo es en la práctica. El Monumento a la Madre costó $400,000.00, suma que bastaría para sostener 26,666 camas en varias maternidades y hospitales durante 73 años.

9 Tiempo, 14 de mayo de 1948 Vol. XIII, núm. 315.

10 Tiempo, 19 de julio de 1946, p. 45.

11 También se dedicó a realizar diversas actividades de carácter social entre otras fundó en 3 colonias proletarias del D. F. salas de tejido donde se confeccionan sweaters, calcetines y guantes para la exportación.

12 Tiempo, Ibid, p. 46.

13 Ibid.

14 Ibid.

15 Ibid.

16 Aunque ya desde el período de Cárdenas, algunas mujeres habían ocupado cargos públicos Matilde Rodríguez Cobo fue nombrada jefa del Departamento de Previsión Social de la Secretaría de Gobernación; y en el servicio exterior la profesora Palma Guillén fue designada embajadora de México en la República de Colombia. Durante el sexenio de Miguel Alemán, en el Tribunal Superior de Justicia del Distrito y Territorios Federales estuvo Ma. Lavalle Urbina, Francisca Acosta en la Dirección de Asistencia Social de la Secretaría de Salubridad y Dolores Hedúan en el Tribunal Fiscal de la Federación.

17 Por ejemplo, en dos pueblos del estado de Hidalgo fueron presidentas municipales. En Chiapas, de acuerdo con la constitución local, las mujeres podían votar y ser votadas en los comicios municipales desde 1924. Novedades 6 de Abril de 1952.

18 Organización Internacional creada en 1928 dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA) con sede en Washington cuya y cuya presidenta entonces era Dña. Amalia González Caballero de Castillo Ledón, eminente feminista mexicana.

19 ONU (1967). Las Naciones Unidas y los Derechos de la Mujer. Nueva York

20 Federación de Mujeres de las Américas. Memoria del II Congreso Interamericano de Mujeres. México, 1951.

21 Tuñon Enriqueta (1987) "La lucha política de la mujer mexicana por el derecho al sufragio y sus reprecusiones" en: Presencia y transparencia de la mujer en la historia de México. COLMEX.

22 Diario Oficial de la Federación. Decreto publicado el 17 de Octubre de 1953.

23 Tiempo. 22 de Octubre de 1943. p.39.

24 Secretaría de Gobernación. Censo Nacional de Población y Vivienda 1950.

25 Sánchez-Mejorada F, Cristina (2001). Política y Gestión Urbana en el Distrito Federal 1940-1952. Tesis para obtener el grado de Doctora en Diseño con especialidad en Historia Urbana. CYAD. UAM-Azcapotzalco. México.

26 Massolo, Alejandra. " Las políticas del barrio" en Política y Cultura No.1 Otoño 92 . UAM-Xochimilco. 1992, p.58.

27 Massolo Alejandra. Op. Cit. p.58

28 El espacio de gestión que permitió al gobierno de la ciudad organizar a los vecinos y controlar la demanda de terrenos y servicios públicos, frenar los intereses especulativos y defender los espacios de uso colectivo, se consolidó y perfeccionó al emitir un reglamento a través del cual se estipulaba la obligatoriedad de la integración de “Asociaciones Pro Mejoramiento de las Colonias del Distrito Federal” en las que participaba un número importante de mujeres.

29 Ibid.