Colaboracióndelmes
"Mujeres Invirtiendo
en Mujeres"
por Carmen Aristegui
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Quiero comenzar con una reflexión sobre
lo que nos ha ocurrido en el país a partir de las elecciones
del dos de julio de 2006. Tenemos un país dividido, polarizado.
Somos una sociedad que ha sufrido un proceso de encono y de división.
Se palpa, se siente en todos lados, lo respiramos, no hemos logrado
procesarlo.
Independientemente de la opinión que cada uno
de nosotros tenga sobre lo que ha pasado; sobre López
Obrador o Calderón,
sobre el IFE, sobre si el Tribunal Electoral cumplió o
nos defraudó, sobre si los medios cumplieron su cometido,
etc., considero que los mexicanos han hecho una apuesta desmedida
respecto a la clase política. Esa apuesta por nombres
y apellidos identificados muy claramente, por partidos políticos,
por una clase política que ha sido rebasada e insuficiente
para resolver, ya no digamos sus disputas, ya no digamos sus
confrontaciones, sino para atender debidamente los grandes y
profundos problemas de una sociedad como la nuestra.
No quiero
decir que no sea importante la elección de julio
pasado, ni los partidos políticos y todo lo que significa
la representación democrática en un país.
Lo que quiero decir es que la sociedad mexicana ha dejado a
un lado esa gran capacidad transformadora que significa la
acción
ciudadana. Hemos apostado demasiados recursos a un sistema
de competencia política que nos ha traído muchos
sinsabores, y que finalmente tiene que transformarse.
Pero hemos
soslayado, a partir de esa apuesta central de los últimos
años
en México,
el trabajo y el papel, justamente, de las organizaciones ciudadanas.
Lamentablemente nuestro país no se ha caracterizado
justamente por que sus ciudadanos pertenezcan a organizaciones
de carácter
ciudadano. Somos un país bastante corto en esa materia,
tal como lo revelan ejercicios como la Encuesta de Cultura
Cívica
que levantó el INEGI recientemente, y que muestra a
una sociedad poco participativa, poco proclive a formar parte
de grupos organizados. Y esos espacios, para muchos ciudadanos
en México,
inexplorados, francamente sin tocar, son lugares a los que
debemos concurrir para poder ampliar nuestras perspectivas
de transformación.
Por eso Semillas me causa un entusiasmo
particular, porque es una manera de tomar las riendas de nuestros
pedazos de destino mediante un camino fundamental de participación
ciudadana. Y las mujeres, independientemente de nuestras diferencias,
tenemos un largo trecho que recorrer juntas.
Mujeres Invirtiendo
en Mujeres es la propuesta central de Semillas: invertir en
mujeres para transformar a nuestra sociedad. Semillas es el único
fondo de mujeres en México que invierte
en las mujeres con una dirección muy clara, que es la
transformación
social. Esta organización se ha dedicado, desde 1990,
a financiar a organizaciones de mujeres, en toda la República
Mexicana, en proyectos que promueven los derechos humanos de
las mujeres.
Mujeres organizadas presentan proyectos vinculados
a sus derechos sexuales y reproductivos, laborales, a prevenir
la violencia de género, y a lograr una autonomía
económica.
Estos proyectos están concebidos, pensados, soñados,
por esas mismas mujeres, a partir de sus propias experiencias
en sus casas, en su relación con las vecinas, en sus
comunidades. Semillas se da a la tarea de revisar, selecciona
los proyectos que recibirán un donativo para poder hacerlos
realidad. Una vez que se da este donativo, viene una aportación
adicional que es fundamental para que las cosas sucedan, la
asesoría
técnica. Sólo así se logra que los proyectos
aprobados tengan existencia, viabilidad, e impacto.
Semillas
ha dado una perspectiva de vida distinta para miles de mujeres
que han encontrado espacios de independencia, de autonomía,
de libertad de acción y decisión.
Semillas ha
logrado que mujeres de la sierra mixe de Oaxaca tengan la capacidad
de negociar con las autoridades municipales para que se les
atienda en una clínica de salud en su estado. Ha
logrado que mujeres en Querétaro abran espacios de diálogo
entre mujeres, niñas y hombres para enfrentar y resolver
la violencia de género. Así de focalizado, así de
específico, así de eficiente. Logran, por ejemplo
también, que espacios legales de cabildeo, en la capital
de la República Mexicana, se conviertan en vigilantes,
para asegurar que los presupuestos federales tengan una perspectiva
de género.
¿Y por qué invertir en mujeres?
La gran cuestión
de esta noche. Porque somos un factor de cambio social. Esas
mujeres que tenemos muchas tareas, que tenemos que ver con
el ámbito
productivo, laboral, que tenemos que ver con la familia, con
la reproducción, con criar hijos, con la amplia gama
de asuntos que nos competen; con nuestra vida en sociedad,
y que, al final de cuentas, teniendo todas esas facetas, somos
infravaloradas y nuestros derechos menospreciados.
¿Por
qué invertir en mujeres? Otra vez la pregunta.
Porque a las mujeres es a quienes más afecta la pobreza.
En México, en América Latina, en el Caribe, las
mujeres son más pobres que los hombres, fundamentalmente
por asuntos de discriminación, de falta de equidad.
Yo los invito, por ejemplo, a que echemos una mirada a la lista
de empresas de la Bolsa Mexicana de Valores para ver cuántas
mujeres hay. Y de ahí para abajo hay realmente una situación
muy crítica en relación a la propiedad de las
mujeres. Es un fenómeno mundial, las mujeres somos propietarias
de un porcentaje ínfimo de las riquezas de todo el planeta.
Quiero
compartir con ustedes otro de los muchos ejemplos que Semillas
ha tenido en todos estos años para ilustrar lo que significa
la inversión en mujeres.
Para ver el texto completo,
haz click aquí.
Fotos cortesía de Lucero González
Foto de Carmen Aristegui © CNN en español
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